LA LEYENDA DEL PEREGRINO EN ARZÚA

 

 

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Esta leyenda está recogida en la página web del concello de Arzúa:

En los siglos X y XI había un tránsito importante de peregrinos por la zona, que se dirigían al sepulcro del Apóstol Santiago. Éstos elegían la villa de Arzúa para hacer noche a salvo de los maleantes y salteadores de caminos.

Cuenta la leyenda que una mañana, con las primeras luces del alba, transitaba por la aldea un peregrino de aspecto harapiento y miserable. Tomó la senda que llevaba a un obrador donde estaban metiendo el pan en el horno. Se dirigió al ama de la casa diciéndole:

- “¿Habrá un trozo de pan para este pobre peregrino hambriento? Rezaré por ustedes delante del Señor Santiago”.

A lo que ésta respondió:

- “Aquí no ayudamos a maleantes. Si quiere pan, deberá pagarlo”.

Ante esta respuesta, el peregrino siguió su camino, encontrando un poco más adelante otra casa en la que estaban realizando la misma tarea.

A la llamada del harapiento, salió una señora que lo invitó a pasar para que pudiese calentarse. El hombre le respondió que no podía pararse pero que le agradecería si le daba un trocito de pan para poder engañar el hambre.

- “Es una pena que no pueda descansar un rato porque así le daría pan recién hecho, pero todavía no están cocidos. Sólo puedo ofrecerle uno de la semana pasada.”

- “Gran favor que me hace, señora. Rezaré por usted delante del Señor Santiago”, le respondió el peregrino.

El ama entró en casa a buscar algo para que pudiese acompañar el pan duro y, cuando salió, el peregrino ya había desaparecido. Aunque desde la puerta se podía divisar un gran trecho de camino, la señora no consiguió avistarlo.

Al llegar el momento de sacar el pan cocido del horno, la primera mujer se encontró con la sorpresa de que éste se había convertido en piedra; mientras que, en la segunda casa, se había convertido en oro.

Se dice que el harapiento era el mismísimo Santiago Apóstol que pasaba por allí …