LLEGADA DEL APÓSTOL A GALICIA (PICO SACRO)

 

 

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Se relata en el Códice Calixtino la forma en la que llegaron los restos del Apóstol a tierras gallegas, indicando que, después de ser decapitado por orden de Herodes (año 42 d.c.), dos de sus discípulos (Teodoro y Atanasio) robaron el cuerpo y lo trasladaron hasta Jaffa y, siempre según la leyenda, se embarcaron en una nave de piedra que los condujo (guiada por la providencia) hasta Galicia, tras 7 días de travesía. La barca arriba en el puerto de Iria Flavia (actualmente en el concello de Padrón), feudo que pertenecía a una dama viuda llamada Lupa o Luparia.

Esta dama les ofrece un lugar para poder enterrarlo y construir una pequeña capilla, pero les dice que tienen que pedir autorización al rey de Duio (cerca de Fisterra), pensando que éste les daría muerte. Al llegar a su destino son recibidos en audiencia por el rey, que les prepara una emboscada para matarlos. Los discípulos descubren la trampa y huyen. El rey y sus cortesanos los persiguen, pero consiguen escapar ya que se hunde el puente que cruzaban cuando hostigaban a los discípulos.

Regresan otra vez a los dominios de Lupa para contarle lo sucedido, y esta vez la dama les ofrece unos bueyes de su propiedad, para que puedan transportar el cuerpo; indicándoles que deben de ir a buscarlos al Monte Ilicino. Lo que los discípulos no saben es que un terrible dragón guardaba sus lindes.

Cuando llegan al monte son atacados por el fiero dragón, que echaba fuego por la boca. Al verlo, los dos discípulos hacen la señal de la cruz y el monstruo explota por el vientre. Acto seguido, purifican el lugar y lo bautizan con el nombre de Pico Sacro.

No acaban aquí sus desventuras, ya que los bueyes que iban a buscar, son en realidad toros bravos. Al acercarse, éstos se vuelven mansos, bajan la cabeza para que les pongan el yugo y acaban tirando libremente del carro que portaba los restos del Apóstol hasta que pararon en el bosque de Libredón, y éste fue el lugar elegido para su enterramiento.

En cuanto a la reina Lupa, una vez conocidos todos estos milagros, se convirtió al cristianismo y ayudó a la construcción del sepulcro.

El Papa León XIII escribe en su encíclica “Deus Omnipotens” donde certifica la historia y los restos del Apóstol indicando que:

“Después de morir en Jerusalén, el Apóstol Santiago fue recogido por sus discípulos Atanasio y Teodoro, los cuales embarcaron el Santo Cuerpo, llegando a las costas de España, en la región de Amaía, en la que reinaba Doña Lupa (que era idólatra y muy pérfida), pero los discípulos pudieron librarse de sus maquinaciones y consiguieron dar sepultura al Santo Cuerpo en un pequeño otero, haciéndole un hipogeo y una pequeña iglesia. Los discípulos permanecieron custodiando el cuerpo, hasta que murieron y fueron enterrados al lado del Apóstol.”