MILAGRO DE O CEBREIRO

 

 

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Cuenta la historia que a finales del S XII o principios de XIII (el milagro fue consignado por bula de Inocencio VIII en 1487), en la aldea de Barxamaior vivía Juan Santín, un aldeano que nunca faltaba a misa, por muy malo que fuese el tiempo (indicar que O Cebreiro está enclavado en la alta montaña lucense, lindando con la provincia de León).

Un día especialmente duro y con una tremenda ventisca, el monje de turno estaba celebrando el oficio en soledad ya que nadie, ni siquiera los vecinos de O Cebreiro, se había atrevido a salir de sus casas.

Cuando el monje notó que se abría la puerta y aparecía Juan, aterido de frío y cubierto de nieve, después de recorrer los 3 km que separaban su casa del templo, pensó que no merecía la pena tanto sacrificio para ver un trozo de pan y un poco de vino, como todos los días.

Cuando llegó el momento de la Consagración y al pronunciar las palabras rituales, el monje incrédulo pudo comprobar que el pan se transformaba en auténtica carne y el vino en sangre; lo que lo llevo a arrepentirse de sus pensamientos y a certificar el milagro acaecido. También se cuenta que la propia imagen de la Virgen que estaba en el altar mayor, en el momento del milagro, inclinó la cabeza hacia adelante.

Esta carne y esta sangre quedaron como reliquias en la iglesia, para su veneración hasta que en el año 1486 los Reyes Católicos, fascinados por la leyenda, quisieron trasladar tan preciadas reliquias. Se dice que las cargaron en una mula y emprendieron su viaje, hasta llegar a la aldea de La Faba, donde la mula se negó a seguir su camino. Al soltarla, dio media vuelta y regresó al santuario ella sola para devolver tan preciada carga.